Autor: Wim Malgo
Dios usa lo pequeño y débil para mostrar cuán grande y maravillosa es Su gracia. Para esto nos tiene que llevar por la escuela de la humillación. Aceptemos Su trato, y descubriremos que nos pertenecen incontables riquezas espirituales.
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PE3092 – El rebaño pequeño (2ª parte)
¡Dios es tan diferente de nosotros, los seres humanos! Él alcanza sus metas usando lo débil y pequeño. Leemos en 1 Corintios 1:27:
“Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios” – y repite algunos versículos más abajo, como si lo quisiera subrayar: “para que, tal como está escrito: ‘El que se gloría, que se gloríe en el SEÑOR’”.
En el programa pasado comenzamos a hablar del rebaño pequeño y nos preguntamos, por qué, como creyentes en Jesús, siempre hemos sido un grupo pequeño y aparentemente sin mucha importancia aquí en la tierra. La respuesta, en realidad, recién la hemos leído: “…para que nadie se jacte delante de Dios”. Pues la raíz de todo pecado es la soberbia. Con ella comenzó la tragedia de la humanidad. El orgullo le roba la honra a Dios. Un obrero cristiano ambicioso y soberbio es incapaz de hacer un trabajo espiritual, y a la larga fracasará. Rige el mismo principio que con la salvación: “no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9). Por eso, el Dios eterno “anula lo que es”, hemos leído en 1 Corintios 1. Sí, Él anula la honra y la sabiduría humanas.
Observamos en nuestro días el extraño fenómeno de que muchos de nuestros teólogos, a pesar de su gran conocimiento y amplios recursos, tienen un discurso vacío. Ofrecen piedras en lugar de pan.
También he conocido a obreros cristianos a los cuales les encantaba hacer saber a todo el mundo las muchas obras que hacían. Si bien decían que lo hacían para el Señor, al mismo tiempo alimentaban su soberbia religiosa. No se daban cuenta de que ellos estaban en el centro, y no Dios. Cuando es así, el testimonio pierde su fuerza y frescura y la obra de Dios es frenada.
Quizás ahora entendemos un poco más por qué Dios humilla a la persona a la cual quiere usar. Si esto pasa en tu vida, no te resistas a su trato. Quiere decir que el Señor ya comenzó a preparar y usarte. El que se elogia a sí mismo, el que busca reconocimiento para sí, el que se impone y desea ser honrado, se separa del rebaño pequeño y se une al montón de los que viven como si Dios no existiera. Ya no anda por el camino del Dios vivo, y sufrirá daño en forma de impotencia e infructuosidad espiritual.
El hombre natural es orgulloso. Desde nuestro nacimiento estamos obsesionados con este enfermizo afán de protagonismo. Por eso es tan importante para nuestras vidas lo que David testifica en el Salmo 119:67: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra” (RV60). ¡Cuán profunda es la sabiduría de Dios en su trato con nosotros!
¿Por qué te resistes cuando eres humillado y ofendido, cuando sufres injusticia de parte de tus vecinos, tu jefe y quizás incluso de tus propios familiares? El que no es humillado, fácilmente se descarría, como le pasó a David. En el versículo 71 del mismo Salmo, David afirma desde lo profundo de su corazón: “Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos” (RV60).
¿Cuál es la meta que Dios prosigue con nuestras vidas? – Quiere que seamos cada vez más semejantes a Jesucristo. – Y ¿cómo es Jesús? – Él dijo: “aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón”. No hay otro camino para que Dios haga Su obra de transformación en nosotros.
Tenemos que aprender de Cristo y de su humildad. ¿Ves cuán importante es que Dios te humille? – En el versículo 75 del Salmo 119, David admite: “SEÑOR, yo sé que tus juicios son justos, y que me disciplinaste porque lo necesitaba” (NBV).
Si tú tienes esta misma actitud y aceptas la disciplina de Dios cuando Él considere necesario humillarte, comenzarás a experimentar algo de la maravillosa promesa de Isaías 57:15:
“Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: ‘Yo habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos’”.
¡Cuánto le gustaría al Dios vivo poder vivificarte en tu espíritu después de que hayas aprendido, a través de Su disciplina, a tener un corazón humilde!
Sigamos con nuestro tema, buscando más respuestas a la pregunta de por qué pertenecemos a un rebaño pequeño y desapercibido aquí en la tierra.
Es necesario, porque Dios quiere mostrarnos que Su gracia es suficiente. Tenemos que aprender lo que dice Juan en su Evangelio, en el primer capítulo: “de Su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia”. Es algo que el viejo apóstol Pablo entendió, cuando, afligido por su soledad y debilidad física, le pidió tres veces al Señor que le quitara el aguijón de la carne, este “mensajero de Satanás que lo abofeteaba”, como lo expresaba. Pero finalmente testifica en 2 Corintios 12:9 que recibió de Dios esta respuesta: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”.
Para muchos de mis oyentes, todo lo que venimos diciendo no es nada nuevo. Sin embargo, ¿cómo lo vivimos en la vida práctica cotidiana? Después de haber escuchado este programa, ahora, hoy: si el Señor quiere aplicar a tu vida lo que escuchaste y aceptaste en tu corazón y te guía por situaciones humillantes, ¿le vas a decir “sí”? Déjame decirte que tienes todas las razones para aceptar el trato del Señor, pues aunque parezca que nosotros, el rebaño pequeño, seamos los perdedores, en realidad, somos los más ricos y privilegiados de esta tierra, pues nos pertenecen las maravillosas promesas de Dios.
Veamos algunos ejemplos:
Vuelvo a Isaías 41:14, donde el Señor dice al pueblo de Israel: “No temas, gusano de Jacob”, y pensamos aquí en un gusanito aplastado debajo de un zapato. Pero luego sigue y dice: “…Yo te ayudaré”. ¡Estas últimas palabras lo cambian todo! ¡Hacen invencible al gusano! “¡Yo te ayudaré!”, dice Dios a su rebaño pequeño, y esto es cierto tanto para Su pueblo terrenal, Israel, como para la Iglesia y también para cada creyente individual.
El Dios todopoderoso se identifica con mi pequeñez y debilidad. Aunque Jesús nos llama “rebaño pequeño”, nos dice en Lucas 12:32 que no temamos: “No temas, rebaño pequeño, porque el Padre de ustedes ha decidido darles el reino”. Reina/Valera traduce: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”.
¡Cuánta abundancia de bendiciones! La buena voluntad de Dios está con nosotros, expresada en estas tres palabras: “le ha placido”. Y aún más: “le ha placido daros el reino”. ¡Cuánta riqueza, y cuántos privilegios todavía ocultos al mundo ya son nuestros! A pesar de ser un rebaño pequeño, somos reyes y sacerdotes para Dios.
Pensando en este maravilloso rebaño pequeño de hombres y mujeres que reconocieron su estado de perdición delante de Dios y fueron perdonados y revestidos con la justicia de Dios, me viene a la mente el Salmo 125. Contiene una hermosa imagen que nos muestra de qué manera Dios está alrededor de su pequeño rebaño, para protegerlo:
“Como rodean los montes a Jerusalén, así rodea el SEÑOR a su pueblo, desde ahora y para siempre. No prevalecerá el poder de los malvados sobre la heredad asignada a los justos” (NVI).
El poder de los malvados en la tierra es un hecho. Los días que vivimos son malos, dice Pablo a los efesios. Nos toca vivir como hijos de Dios sencillos e irreprochables en medio de una generación maligna y perversa, leemos en la carta a los filipenses.
Pero el poder de los malvados no prevalecerá sobre los justos, ni les podrá quitar su heredad, como dice el Salmo 125. El rebaño pequeño no tiene por qué temer. Ya le es asignado el Reino de Dios. Es rodeado por el Dios todopoderoso. Pues así como hay montes alrededor de Jerusalén, así está el Señor alrededor de los suyos.
¿Por qué temes? ¿Por qué te dejas desalentar?
Es una pregunta que tenemos que hacernos todos.
Tenemos maravillosas promesas del Señor. Sabemos que el Dios todopoderoso nos rodea, nos llena y nos guarda por medio de Jesucristo. ¿Por qué entonces muchas veces estamos desalentados? No nos da el tiempo para entrar en este tema ahora, pero es importante, y quisiera aclarar algunas cosas al respecto en nuestro próximo programa.
Sigan meditando en el rebaño pequeño, que pasa desapercibido en el mundo, pero que es amado y cuidado por el Señor.
¡Dios los bendiga ricamente a todos ustedes!