Negarse a retroceder (1ª parte)


Autor: Johannes Pflaum

La Palabra del Señor nos habla sobre la perseverancia de la iglesia en Tesalónica. Los hermanos crecieron en número, en un ambiente que tornaba peligroso resistir el pecado y predicar el arrepentimiento. Y nosotros, ¿Qué estamos resistiendo hoy por la causa de Cristo?


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PE3094 – Negarse a retroceder (1ª parte)



Es posible que nunca hayas oído hablar de los tres soldados japoneses Hiroo Onoda, Teruo Nakamura y Shoichi Yokoi. Durante la Segunda Guerra Mundial, ellos fueron estacionados en diferentes islas ocupadas por Japón: Onoda, en la jungla filipina de Lubang; Nakamura, en una isla indonesia; y Shoichi, en la isla de Guam.

 

¿Pero qué es lo que une a estos tres hombres?

Cuando las fuerzas estadounidenses y aliadas desembarcaron en sus respectivas islas en 1944 y 1945, estos hombres se retiraron a la jungla con otros soldados japoneses. Rendirse no era una opción para ellos. Estaban decididos a seguir las órdenes hasta el final. En sus aisladas posiciones nunca supieron que la guerra terminó, siguieron resistiendo solos, cada uno en su isla.

La solitaria firmeza de estos hombres hizo que no se descubriera a Yokoi hasta 1972. Ya habían pasado 27 años desde el final de la guerra cuando por fin abandonó su lucha perdida. Onoda y Nakamura regresaron a casa dos años después, en 1974. Habían aguantado hasta 29 años después del final de la guerra. El caso de Onoda es especialmente conmovedor. Solo cuando las autoridades localizaron a su antiguo superior y lo trasladaron en avión a la isla filipina, para que le diera la orden de entregarse, Onoda estuvo dispuesto a rendirse. Así que los tres resistieron en sus puestos hasta casi treinta años después del final de la guerra.

 

La historia que une a estos tres hombres suena increíble. La forma en que sobrevivieron, con asesinatos y otros delitos. Oír las motivaciones que los mantuvieron en la jungla durante tanto tiempo sería un tema para tratar aparte.

Pero, lo que invita a la reflexión, por todo lo que tiene de trágico y extraño, es la firmeza con la que estos hombres permanecieron completamente aislados en sus puestos. ¿Puede haber en esto una lección para nosotros? Para esos tres soldados, la perseverancia terminó en una gran decepción: La lucha ya estaba perdida desde hace casi treinta años.  

 

Como seguidores de Jesús, en cambio, estamos en una lucha en la cual nuestra victoria ya está decidida desde el principio. Nuestro Señor Jesucristo, triunfó ya en la cruz del Calvario y será reconocido como Señor de señores y Rey de reyes. Y sabemos que él ha prometido no abandonar a los suyos ni un instante, incluso cuando las cosas se pongan muy difíciles.

 

La fe en el Señor nos hace mirar adelante hacia un futuro glorioso. Sin embargo, somos tentados a quitar los ojos de la meta y de dejarnos llevar por las circunstancias y por nuestras emociones. Aflojamos en la lucha ya sea por la seducción y atracción del pecado, o por la creciente presión, exclusión y estigmatización que podemos experimentar.

Esto no es solo un problema de hoy, sino que lo ha sido desde el principio de la Iglesia. En su momento, el apóstol Pablo se preocupó por la joven iglesia de Tesalónica. Desde su conversión, los cristianos de Tesalónica se habían enfrentado a fuertes oposiciones. Pablo les recuerda su conversión en 1 Tesalonicenses 1:6, diciendo: “ustedes llegaron a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo”.

 

La preocupación de Pablo era fortalecer a los creyentes y hacerlos resistentes a las crisis, en lugar de ilusionarlos con las pompas de jabón de un cristianismo de pura diversión. Mientras continuaba sus viajes, se preocupaba por los creyentes de aquella joven iglesia. ¿Se mantendrían firmes o se dejarían arrastrar por los fuertes vientos que venían en contra?

 

Tesalónica, llamado también Salónica, ya era en la época del Nuevo Testamento una ciudad portuaria y centro comercial importante. Situada en el mar Egeo, estaba ubicada en la Vía Egnatia, la gran calzada militar que unía Roma con Oriente. Cuando el evangelio llegó a Tesalónica, la ciudad ya contaba con 200.000 habitantes. Por su situación como ciudad portuaria, Tesalónica era conocida por su vida de libertinaje. Como también era un centro comercial, muchos adinerados hombres de negocios, judíos y griegos, se habían establecido allí. Había una sinagoga bastante concurrida en esa ciudad lo cual también es una muestra de una fuerte presencia judía allí.

El nacimiento de la iglesia en Tesalónica se nos describe en Hechos 17:1-9. El viaje desde la ciudad de Filipos a Tesalónica les había llevado casi 5 días a Pablo, Silas y sus compañeros. Las costras y hematomas en las heridas que habían recibido de la flagelación en Filipos, probablemente no se habían curado aún. Pero a pesar del dolor y la debilidad que sintieran, continuaron con fe difundiendo el evangelio.

 

Según su costumbre, Pablo comenzó a predicar en la sinagoga. Allí pudo aprovechar el temor de Dios y el conocimiento del Antiguo Testamento que había entre los judíos y los prosélitos griegos. Y por la gracia de Dios, al cabo de unas tres semanas surgió en Tesalónica una congregación bastante numerosa. Sin embargo, poco después de sus comienzos, esta iglesia también comenzó a experimentar lo que es el sufrimiento y la persecución por causa de Cristo.

 

Después de que Pablo tuviera que abandonar la ciudad a causa de la persecución que había comenzado y llegara a Atenas vía Berea, envió a Timoteo a los tesalonicenses porque no podía ir él mismo. Después de un tiempo Timoteo regresó a Atenas con buenas noticias sobre la firmeza de la iglesia. Para el Pablo esto supuso un gran consuelo y una verdadera alegría, como dice en 1 Tesalonicenses 3:7-8 (en la versión Dios Habla Hoy): Por esto, hermanos, en medio de todas nuestras dificultades y aflicciones, hemos recibido mucho consuelo al saber que ustedes siguen firmes en su fe. El saber que ustedes están firmes en el Señor, nos reaviva.”.

La Biblia de Estudio MacArthur señala: “…ustedes siguen firmes: esta imagen describe a un ejército que se niega a retroceder, aunque el enemigo lo esté atacando”.

 

Pensemos en los tres soldados japoneses. Habían resistido hasta treinta años en las circunstancias más difíciles. En comparación, qué rápidos somos hoy en día para retroceder cuando nos enfrentamos a vientos en contra. Enseguida nos escondemos o terminamos nadando con la corriente.

 

Los tesalonicenses estaban dispuestos a sufrir por su Señor y su fidelidad a él. Se negaron a retroceder a pesar de la oposición. De este modo se convirtieron en un gran ejemplo para nosotros.

 

En Hechos 20:1-6, leemos que al regresar de su tercer viaje misionero, Pablo pasó de nuevo por Tesalónica, acompañado por dos hermanos de aquella iglesia, Aristarco y Segundo. Aristarco luego se convirtió no solo en colaborador, sino también en compañero de prisión del apóstol leemos más tarde en Colosenses 4:10. Este es otro testimonio de la firmeza de los tesalonicenses, que se negaron a retroceder a pesar de todos los ataques a la fe.

 

Pablo también utiliza el término “estar firmes” en otros pasajes. En 1 Corintios 16:13 exhorta a los corintios: “Estén alerta, permanezcan firmes en la fe, pórtense varonilmente, sean fuertes”. Estar firmes en la fe significa aferrarse a la verdad divina, a la doctrina como fundamento. Es negarse a retroceder ante los ataques feroces y no ceder en nada en cuanto al evangelio, nuestro testimonio y la verdad bíblica. En 1 Corintios 16, Pablo habla de portarse “varonilmente”. Hoy en día, algunas personas se ofenden por tales términos. Pero la Biblia quiere decir lo que dice. Esta expresión incluye tener dominio propio y coraje, y no simplemente ceder en una actitud blanda y antibíblica.

En Efesios 6, en el contexto de la armadura espiritual, encontramos este “estar firmes” en tres lugares de formas diferentes. En el versículo 11, Pablo nos llama a vestirnos de toda la armadura de Dios para poder estar firmes contra los astutos ataques del diablo. En el versículo 13 encontramos el término dos veces. Primero, en la expresión “poder resistir en el día malo”, y segundo, de estar firmes incluso cuando la lucha se haya acabado. El versículo 14, vuelve a hablar de “estar firmes” antes de describir cada una de las piezas de la armadura. Así vemos que esta expresión se utiliza una y otra vez en relación con la lucha espiritual, en el discipulado y el aferrarse a la verdad.

 

En este aspecto, la joven iglesia de Tesalónica es un modelo para nosotros. En 1 Tesalonicenses 3:4 leemos las palabras del Apóstol Pablo que recuerda a los tesalonicenses: …cuando estábamos con ustedes les predecíamos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como saben”.

Pablo les enseñó desde el principio que el sufrimiento y las tribulaciones son parte del discipulado. Pero, por la forma en que Pablo se preocupó por los tesalonicenses, entendemos que el mantenerse firme no lo considera una cosa fácil.

 

¡Cuán grande fue su alegría, cuando supo que se mantenían firmes a pesar de todos los ataques, y se negaban a retroceder en su fidelidad a Cristo y a la verdad!

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