Autor: Johannes Pflaum
Vivimos en momentos en que se pretende borrar todo orden que dependa de la civilización occidental y cristiana. Pero, por otro lado, también hay intentos de adaptar, actualizar o contextualizar la Palabra de Dios y la Iglesia a la voluntad pecadora de nuestra cultura. ¿Cómo respondemos cuando se nos pregunta acerca de temas que pueden resultar controversiales?
DESCARGARLO AQUÍ
PE3096 – Negarse a retroceder (3ª parte)
¿Qué tal? En el programa anterior leímos 1 Timoteo 3:14 y 15 donde el Apóstol escribe a su hijo espiritual Timoteo: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”
Estamos en una lucha por la verdad y somos desafiados a no retroceder, aunque el enemigo ataque de frente. Estar firme en nuestras convicciones se asocia muy rápidamente con la falta de misericordia, la falta de humildad o la falta de aprecio por la unidad. Pero es al revés, amar la verdad más que tener razón testifica de humildad, la misericordia nos da el coraje de decir la verdad, aunque signifique ser amado menos. Y la iglesia está unida solamente en la verdad que es Cristo Jesús.
En mayo de 2023 se publicó una entrevista con un miembro de la junta directiva de la Alianza Evangélica alemana, sobre el tema de la transexualidad. Durante toda la entrevista evitó asumir una posición clara frente al tema. En una respuesta afirmó:
“Según mi interpretación bíblica, el cambio de sexo no está previsto por Dios. Pero hay que tener en cuenta que ni siquiera todos los cristianos parten de los mismos supuestos bíblicos básicos”.
Esta es la tendencia hoy: evitar una postura clara. “Mi interpretación es subjetiva; otros cristianos lo verán de otra manera. “
Al final de la entrevista es citado el mandamiento del amor y se dice que no tenemos ningún mandato de juzgar ni de educar a otras personas según nuestras ideas morales. Es cierto que, como seguidores de Jesús, queremos tratar a todas las personas con amor y evitar rechazarlas o juzgarlas. Pero esto nunca puede contraponerse a la firme afirmación de las claras verdades bíblicas. Con formulaciones tan biensonantes pero insidiosas, se evita cualquier posicionamiento claro.
Pablo, en cambio, se alegra de que los tesalonicenses permanezcan firmes en el Señor.
Pablo nos llama a permanecer firmes en la verdad. Y con preocupación me pregunto: ¿En qué ámbitos las iglesias evangélicas han comenzado a retroceder o incluso ya han abandonado el campo de batalla en las últimas décadas?
En la comprensión de la inspiración de las Escrituras aparecen cada vez más grietas. También la batalla por el creacionismo es cada vez más débil. Para muchas iglesias, el tema de “creación versus evolución” ya no es un tema relevante. A esto se agrega el silencio sobre el aborto y la indiferencia frente a la eutanasia.
Hace unas décadas, la medicina alternativa con trasfondo esotérico-pagano estaba siendo combatida desde la Biblia. Hoy en día, muchos cristianos ni siquiera piensan en los trasfondos filosóficos antibíblicos de ciertas terapias o técnicas místicas y esotéricas de relajación y meditación. O pensemos en la aparición y la influencia del movimiento de la Nueva Era, del neomarxismo y del feminismo asociado a él.
Entre los años 70 y 90 se escribieron muchos libros que denunciaban estos pensamientos, mientras que hoy en día cada vez es más común ver una actitud indiferente y una negativa al debate.
En muchos ámbitos cristianos observamos cierto cansancio en vez de un estado de alerta frente a la psicología y la psicoterapia que van tomando el lugar de la consejería pastoral bíblica.
Entre los campos de batalla más importantes, me gustaría mencionar finalmente el mensaje del evangelio y la propia evangelización. ¿Cuántas veces tanto las campañas de evangelización como nuestros testimonios personales se ven moldeados por un cristianismo tolerante y transigente, y por una concesión al espíritu de la época?
¿Tenemos todavía el valor de hablar sin miedo de Jesús, de la necesidad de su sacrificio expiatorio y de la palabra de la cruz? ¿Tenemos el valor de permanecer firmes en el Señor? Corremos el riesgo de retroceder bajo la presión espiritual de nuestro tiempo.
Nuestra meta debe ser el permanecer siempre cerca de Jesús y de su Palabra. Pero tenemos que reconocer dónde corremos el peligro de dejar las armas, adaptarnos y perder nuestro fundamento firme.
En los tiempos actuales tenemos que aprender de nuevo a no fluctuar en en la proclamación y defensa de la verdad bíblica, y negarnos a retroceder, especialmente cuando aumentan los ataques.
Ya Judas en su carta tuvo que animar a los cristianos de entonces a contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.
Si nos fijamos en nosotros mismos, no tenemos la fortaleza suficiente para resistir el ataque al que estamos expuestos. Por cierto, también Martín Lutero era consciente de esto en sus luchas en aquel entonces. Por eso, en su conocido himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, escribió:
“Nuestro valor es nada aquí, con él todo es perdido;
Mas por nosotros pugnará de Dios el Escogido.
Es nuestro Rey Jesús, el que venció en la cruz,
Señor y Salvador, y siendo él solo Dios,
él triunfa en la batalla”.
Pablo se alegró al oír que los tesalonicenses se mantenían firmes en el Señor a pesar de la creciente presión. Y dejó claro en qué consistía esa firmeza: ellos ponían toda su confianza en el Señor.
Se habían revestido de la armadura espiritual que Él les había proporcionado.
Al final de su vida, el apóstol Pablo, en lo que debió ser su segundo encarcelamiento, estaba sentado en un calabozo húmedo y frío. Sabía que su ministerio y su vida estaban a punto de llegar a su fin y que pronto sería ejecutado como mártir. Muchos hermanos se habían distanciado de él. El mismo cuenta: me abandonaron todos los que están en Asia.
Ante esta decepción y en una, humanamente dicho, desesperada situación, podemos ver en Pablo mismo lo que significa mantenerse firme en el Señor y negarse a retroceder.
El escribe desde la cárcel a Timoteo: “…padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”.
Fue esta confianza en Aquel que no falla, que hizo que Pablo se mantuviera firme, incluso en esta última prueba de su vida. Y es lo que deseo para nosotros, que seamos y lleguemos a ser personas que se mantengan firmes en este tiempo. No porque seamos muy fuertes y podamos poner las manos en el fuego por nosotros mismos, sino porque conocemos a Jesús, que es lo suficientemente poderoso como para guardar también nuestro depósito para aquel día.
Si lees atentamente la segunda carta a Timoteo, notarás que Pablo, al final de su vida, tenía en mente la eternidad y el reino celestial. En esto estaba enfocado. Es muy importante que mantengamos esta meta en mente y no nos dejemos distraer por lo que sucede en el mundo. Aunque las luchas aumenten y el ambiente sea cada vez más sofocante, si pertenecemos a Jesús, lo mejor nunca está detrás de nosotros, sino siempre por delante.
Los tres soldados japoneses, de los cuales hablé hace dos programas, no abandonaron su puesto incluso 30 años después del final de la guerra; ellos perseveraron. Esto es notable. Pero qué decepción debieron haberse llevado cuando se dieron cuenta de que su resistencia había sido inútil. La guerra ya la habían perdido hace tres décadas
En cambio, nosotros podemos saber que permanecer firmes en el Señor nunca es en vano, aunque cueste fuerzas y nos haga sentir solos. Si nos mantenemos constantes en nuestro salvador y en su Palabra, seremos llevados siempre en triunfo en Cristo Jesús, lo cual hoy es todavía un triunfo invisible, pero tomará forma visible cuando Cristo venga. ¡Qué glorioso será aquel momento!
Por difícil que sea, no queremos retroceder, sino seguir constantes en el Señor, testificando de Cristo y de su verdad y contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Sabemos que Él es lo suficientemente poderoso para guardar nuestro depósito para aquel día.
Por lo tanto:
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos”.