El Señor llamó a Pablo en el camino a Damasco: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Pablo dejó de ser un perseguidor para sufrir persecución. Dios hizo grandes cambios en él.
El Señor llamó a Pablo en el camino a Damasco: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dios lo baja del caballo en sentido literal y figurado. Dios humilla y levanta.
El Señor llamó a Pablo en el camino a Damasco: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Después de escuchar aquella voz, su vida cambiaría radicalmente. ¿Acaso no podrá Dios hacer lo mismo en ti?
El Señor llamó a Pedro advirtiéndole de la lucha que se venía. En esa lucha, la victoria es posible porque Él intercede por nosotros; no luchamos por una victoria, sino partiendo de Su Victoria.
El Señor llamó a Pedro advirtiéndole de la lucha que se venía. Esa lucha es feroz, hasta la muerte, y perseverante, todos los días. Pero tenemos una fuerte armadura y al Señor victorioso de nuestro lado.
El Señor llamó dos veces a Pedro, advirtiéndole de la lucha que se venía. Esta lucha es necesaria, porque fortalece la fe y saca a luz tanto la debilidad humana como el poder de Dios.
Marta daba lo mejor de sí para servir al Señor, pero su corazón estaba angustiado y lleno de ansiedad. El Señor, con tierno amor, le alcanza la solución, que es muy sencilla.
Marta, Marta, dice el Señor Jesús. Con ternura le muestra lo que hay en su corazón: las prioridades están cambiadas. El Señor nos quiere ayudar a ordenarlas y a servirle con alegría.
El Señor llamó a Pablo en el camino a Damasco: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dios lo baja del caballo en sentido literal y figurado. Dios humilla y levanta.
Marta era una mujer espiritual, caracterizada por su fe, fidelidad y hospitalidad, pero también era de carne y hueso. Resalta el peligro de las preocupaciones y de convertir la obra de Dios en mi obra.
Marta, su hermana María y su hermano Lázaro vivían en Betania, donde Jesús amaba hospedarse. Marta tenía un don de servicio, pero recibe un doble llamado de Dios: un llamado a la devoción.
Marta, su hermana María y su hermano Lázaro vivían en Betania, donde Jesús amaba hospedarse. Marta tenía un verdadero don de servicio, pero recibe un doble llamado de Dios: un llamado a la devoción.
El profeta Samuel es un ejemplo para todo líder espiritual, por su cercanía a la gente, su integridad, consejo, intercesión y habilidad para alentar a otros. Dejó una huella indeleble para la gloria de Dios.
La historia del llamado de Samuel comienza contra el triste trasfondo del tiempo de los jueces: la palabra de Dios escaseaba y no había líderes espirituales. Pero Dios sigue fiel y llama a la consagración.