Autor: Johannes Vogel
La señal universal de socorro es en código Morse el SOS. Sin embargo, esta no siempre puede ser captada. Si lo pensamos, es en realidad limitada para la humanidad, sirve para el “universo” material y tiene un alcance temporal. Por así decirlo, lo más lejos de la tierra que puede ser emitido, sería por astronautas en misiones espaciales. Pero ¿qué sucede con la necesidad interior, eterna y espiritual de socorro? Ese es el tema de este programa.
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Tres pulsos cortos —tres largos— y otra vez tres cortos: es la señal de emergencia S.O.S.
Se presentó hace 116 años en la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones en Berlín. Pero en los primeros años después de su implementación ocurría una y otra vez que la señal SOS simplemente no era escuchada. Es lo que le pasó al Titanic en 1912. El supuestamente inhundible barco de lujo había enviado la señal de SOS, pero la llamada de socorro no llegó a los barcos que estaban cerca, porque no se encontraban en modo de recepción. Por eso, tras la catástrofe del Titanic se decidió que los barcos debían controlar cada media hora las frecuencias de emergencia. Cuando se introdujo la llamada de emergencia SOS, los inventores querían sobre todo una cosa: un código Morse fácilmente reconocible que pudiera entenderse incluso con mala comunicación de radio; y la combinación SOS cumplía esas condiciones. Recién más tarde se le dio un significado y nombre a la abreviatura: S. O. S. —“Save Our Souls”, que traducido es: “Salven nuestras almas”.
¿No es precisamente la llamada de auxilio que necesitamos también nosotros?
Pues todos nosotros pasamos por tormentas en la vida, en las que nos sentimos perdidos y solos y corremos peligro de ahogarnos en nuestras preocupaciones. De ahí, lo primero que buscamos con nuestro llamado de auxilio SOS es:
S – Sosiego
Las preocupaciones, como vientos huracanados, pueden llegar a sacudir nuestras vidas. Nos consumen, y no sabemos qué hacer. ¿Te entra el pánico si recibes una notificación de la oficina de impuestos o cuando circulan rumores sobre posibles despidos en tu empresa? ¿Te preocupas, aunque no haya ningún motivo concreto por ello?
Inmediatamente me viene a la mente la canción de Bobby McFerrin de 1988: “Don’t worry, be happy!”. La palabra “worry” (= preocuparse) proviene del inglés antiguo, donde significaba estrangular o asfixiar. Justamente eso es lo que la preocupación hace con tu productividad y felicidad: las estrangula.
Preocuparse por algo que no podemos cambiar, es inútil. Dejarse consumir por las preocupaciones por algo que sí podríamos cambiar, es una necedad, porque cada vez que te preocupas, la carga se hace más grande y pesada. Parece una estrategia diabólica. Por eso, Jesucristo nos exhorta con palabras muy claras en el Evangelio de Mateo, capítulo 6, versículo 25: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”.
Los oyentes de Jesús en ese momento eran sus seguidores. Ellos debían aprender a ser diferentes de las demás personas, que confiaban en sí mismas, que se apoyaban en lo material o en su religión. En el versículo 26, Jesús lo explica de forma práctica y muy gráfica: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”. ¡El Señor quiere darnos sosiego en nuestras luchas y preocupaciones!
El ser humano es la única especie que se preocupa. Sin embargo, la preocupación no puede cambiar el pasado ni controlar el futuro, pero sí puede hacernos sentir miserables en el presente. Jesucristo señala en el versículo 27 cuán inútil es preocuparse: “¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?”.
Dios ha prometido cuidar de aquellos que confían en Él. Cuando eras un niño pequeño, no te preguntabas de dónde sacarían tus padres el dinero para la comida; simplemente comías, pues el resto era “problema” de tus padres. Por eso, quien está lleno de preocupaciones ha dejado de orientarse en su Padre celestial y fija sus ojos demasiado en las circunstancias. Ha perdido la orientación.
Y con esto ya nombré la segunda cosa por la cual grita auxilio nuestra alma:
O – Orientación
Si los humanos somos expertos en preocuparnos, también somos profesionales en la autoayuda. Según el portal de estadísticas Statista, una encuesta realizada en 2019 en Alemania sobre las mayores preocupaciones, demuestra que casi el 50 por ciento de los encuestados tiene un elevado o incluso muy elevado temor a la pobreza y la exclusión social. Otras preocupaciones son:
– una enfermedad del cónyuge, de los hijos o de los padres
– el cambio climático
– el aumento del extremismo y terrorismo
– la soledad
No sé qué problemas te preocupan en este momento o te causan noches de insomnio, pero es cierto que cuando estamos llenos de inquietud, miedo o desesperación, necesitamos orientación. Muchos buscan alivio en los médicos, psiquiatras, grupos de autoayuda, meditación, yoga, etc., sin encontrar la ayuda que necesitan en lo más profundo de su ser.
Pero también los cristianos podemos ser presa de las preocupaciones y la falta de orientación. Un dicho de Corrie ten Boom nos debería llevar a examinarnos al respecto. Dijo así: “Donde crece la preocupación, mengua la fe”.
La fe verdadera cuenta con las posibilidades de Dios, con su intervención. Por eso leemos en el Salmo 118:8: “Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre”.
Es cierto que las personas solo nos pueden dar apoyo y orientación hasta cierto punto. Pero muchas veces nos damos cuenta de que la llamada de auxilio más profunda de nuestra alma, en realidad, no ha sido recibida. Quién sí la entiende y la recibe al 100% es: ¡Jesucristo!
Sin embargo, para poder hacer uso de su ayuda, primero debes orientar tu vida hacia Él. Es decir, primero debes reconocerlo como tu Señor y Salvador. Tal vez estés pensando: “Bueno, pero en realidad, con esto admito que no puedo dominar la vida por mí mismo”, y esto es muy cierto. Nuestra vida es como un barquito en medio de la tempestad en alta mar. Necesita que Jesús tome el timón para navegarlo al puerto seguro.
En el momento en que cierres los ojos en este mundo y tu vida aquí se acabe, tu destino eterno estará decidido. Es importante que tu vida se oriente HOY en dirección a la meta celestial. Jesucristo – ¡y solo Él! – puede abrirte hoy el camino a Dios Padre en el Cielo y guiarte hasta allí. La decisión por Jesucristo, la entrega consciente de tu vida a Él, debe hacerse mientras vivas. Tú personalmente decides si aceptas a Jesús como tu Salvador ahora, o te encontrarás con Él como tu Juez en la eternidad después. Antes de que sea demasiado tarde, como en el caso del Titanic, envía hoy tu señal de auxilio SOS a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo. ¿Cómo se hace? Me gustaría explicarlo en el tercer punto:
S – Salvación
La Biblia está llena de verdades maravillosas. Desde su primera página hasta la última, ella es Palabra de Dios. Su mensaje es el mensaje muy personal del Señor para ti y para mí, lleno de amor, pero tajante y claro. Leemos de los primeros seres humanos, cómo se metieron en una situación desesperante, dejando la verdad de Dios y siguiendo su propio camino. Cayeron en pecado, como lo solemos decir. La idea original del verbo “pecar” es “errar la meta”, y esto es precisamente lo que ocurrió en el huerto de Edén.
No alcanzaron la meta que Dios les había dado. A través de la caída en Génesis, se produjo una separación entre el ser humano y Dios. Desde aquel entonces, nuestras almas necesitan la salvación. También tú necesitas reconciliarte con el Todopoderoso. Por eso, te ruego en nombre de Cristo: ¡Reconcíliate con Dios!
Mándale tu SOS personal a Dios: ¡Salva mi alma! En el Salmo 50:15 Dios te invita diciéndote: “Invócame en el día de la angustia; Yo te libraré, y tú me honrarás”. Esta llamada de emergencia tiene recepción en el Cielo las 24 horas del día, los 7 días de la semana y todos los días del año.
Puedes estar absolutamente seguro de que el Padre te responderá. Él te tiende la mano a través de su Hijo Jesucristo, quien entregó su vida y derramó su sangre en la cruz del Calvario por tus transgresiones y las mías, es decir, por nuestro pecado. Entregó su vida para que nosotros podamos tener vida eterna en su presencia. Si has tomado la decisión de buscar la ayuda de Dios para tu vida, hónralo poniéndote completamente a su disposición.
Tu salvación es de interés especial para Dios. Él quiere restaurar tu vida y recibirte con brazos abiertos como un hijo suyo. Por lo tanto, llámalo, envíale tu mensaje SOS desde tu corazón: “Señor, necesito sosiego y orientación —y sobre todo: ¡salva mi alma de la perdición!”
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Dios Jesuscristo Espiritu Santo les Bendiga siempre a todos y todas le doy Gracias al Padre Hijo Espiritu Santo gracias por ayudarme estoy muy felis de que Padre Hijo Espiritu Santo me alla encontrado por Medio de ustedes