Autor: Johannes Pflaum
Jesús fue enfático e insistente sobre la búsqueda del Reino de Dios, cómo vivirlo y qué esperar del futuro, pero: ¿en torno a qué gira nuestra vida? Hoy se ofrecen métodos para cambiar la vida mediante la disciplina y diferentes listas de principios. Frente a esto ¿cuál es nuestra relación con el Plan Eterno de Dios? ¿Están nuestros esfuerzos y proyectos cimentados en la promesa de su venida?
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La relativa prosperidad que muchos de nosotros disfrutamos esconde un peligro: pues puede nublar nuestra visión de la realidad. Por lo cual debemos estar en guardia contra la seducción en estos tiempos finales.
El Señor Jesús en Lucas 21:24 advirtió: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”.
Eso dijo Jesús a sus discípulos. “¡Miren por ustedes mismos! ¡Estén en guardia!”.
Una característica de los últimos tiempos es el engaño o la seducción. Jesús advierte contra ella tres veces en Mateo 24. Incluso podemos clasificar la seducción como la principal característica de los últimos tiempos.
Hablamos de tiempos de crisis, de persecución y otras cosas que vendrán. y nos volvemos ciegos ante un peligro mucho más inminente.
“¡Tengan cuidado!”, es la expresa exhortación del Señor Jesucristo a sus discípulos. Y luego advierte de las tentaciones y preocupaciones asociadas con una vida de bienestar y de búsqueda de alegría y placer.
El clérigo y escritor cristiano Warren Wiersbe, escribió en uno de sus libros:
“He asistido a numerosas conferencias sobre temas proféticos y he escuchado una gran cantidad de interpretaciones, así como algunas especulaciones, pero no siempre hubo una aplicación personal y práctica. Algunos de los oradores hablaron mucho de lo que Dios haría en el futuro, pero decían muy poco sobre lo que espera de Su pueblo en el presente. Comprender el plan de Dios impone al oyente la responsabilidad de hacer la voluntad de Dios. Oír y entender la Palabra, y NO OBEDECER, es engañarnos a nosotros mismos. Pensamos que hemos crecido espiritualmente, mientras que, en realidad, nos hemos quedado atrás.
William Culbertson, el presidente del Instituto Bíblico Moody dijo: ‘Hablamos con tanta ligereza de la venida de nuestro Señor y del tribunal de Cristo’.
‘No estarás realmente en la verdad de la doctrina del regreso del Señor Jesucristo hasta que esa doctrina viva en ti y afecte tu forma de vida como lo exige la Biblia’”.
Este es precisamente el peligro del que nuestro Señor quiere protegernos con esta advertencia. Podemos seguir discutiendo y especulando sobre el curso y el desarrollo de las cosas futuras y ni siquiera darnos cuenta de que estamos desatendiendo nuestra preparación diaria porque nuestra vida cotidiana y nuestros pensamientos están llenos de otras cosas.
Cuando leemos Mateo 6: “No os afanéis, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? … Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”, nos damos cuenta de que no solo es un problema del tiempo final sino de todos los tiempos.
Lucas 21 aborda la glotonería, la embriaguez y los afanes de esta vida como un peligro especial para el tiempo final.
Es posible que sepamos distinguir falsas enseñanzas y que estemos familiarizados con todos los escenarios proféticos probables, pero que, en realidad, nuestra vida diaria sea dominado por el afán por el bienestar material y el disfrute de la vida.
Nos preocupa más la ampliación de nuestra casa y el no perder nuestro nivel de vida, que las cosas espirituales y la búsqueda del Reino de Dios. Jesús habla de la llegada repentina de Su venida. Él dio esta advertencia a sus discípulos, y estoy convencido de su importancia también para nosotros y para mí hoy, aunque creo firmemente que el arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar antes de la segunda venida de Cristo con poder y gran gloria.
La Biblia no nos llama a una vida de perfección espiritual en la que la alegría esté prohibida. Pero a menudo hay solo un pequeño paso del disfrute agradecido de lo que el Señor nos da y permite vivir a un corazón agobiado por las preocupaciones de la vida, sobre todo en una sociedad de consumo que constantemente nos presenta de forma seductora nuevos bienes y oportunidades para disfrutar.
El término “embriaguez” en este contexto no se refiere solamente al consumo excesivo de alcohol o de sustancias adictivas. Habla de un estado de embriaguez que caracteriza nuestra vida. El teólogo alemán Gerhard Maier menciona en este contexto: la pasión por la música, la obsesión por el arte, la manía coleccionista, el disfrute de honores y premios, la arrogancia intelectual, el nacionalismo, la identificación con una ideología. Esta no pretende ser una lista completa, tras la cual podamos respirar aliviados si ninguno de estos puntos nos afecta.
Cada uno debe examinarse a sí mismo para ver en qué área corre el peligro de dejarse absorber y embriagar. Girar en torno a aspiraciones materiales siempre ha sido un peligro básico para los humanos. Pero en nuestro tiempo, con todas sus posibilidades y ofertas, el peligro de sucumbir es especialmente grande.
Y nos han educado para creer que lo más importante para nuestra vida personal es festejar, experimentar algo fuera de lo común, sentirse bien y disfrutar en cualquiera de sus formas. Soy muy consciente de la posibilidad de que las cosas puedan cambiar de la noche a la mañana. Pero existe un gran peligro que, como seguidores de Jesús, perdamos el rumbo por llevar una vida que solo esté determinada por las inquietudes cotidianas y mundanas, incluso si somos miembros de una iglesia bíblica.
De esta manera, el arrebatamiento puede sobrevenirnos de forma totalmente inesperada y hacernos descubrir con horror y vergüenza hasta qué punto hemos descuidado lo más importante. Que hemos permitido que nuestro modo de pensar y vivir, a pesar de que somos salvos por Cristo, sean guiados por las prioridades equivocadas.
Sería interesante observar las implicaciones prácticas de nuestras discusiones sobre la profecía y compararlas con lo que era lo más importante para Jesús en su vida terrenal. Ya sea en la parábola de las diez vírgenes o en otros pasajes, nuestro Señor siempre hacía un llamado personal a la vigilancia y a la preparación. Sin duda alguna, parte de ello también es que despertemos y advirtamos a los demás, sin embargo, Jesús siempre apelaba a cada uno personalmente.
Si estamos espiritualmente despiertos y vigilantes, todas las discusiones sobre el momento del arrebatamiento o los acontecimientos que aún están por venir pasarán a un segundo plano. La vigilancia influye en nuestra manera de orar. En la oración somos conducidos una y otra vez a unirnos aún más a nuestro Señor.
Cuando oramos, sus preocupaciones se convierten en las nuestras; su voluntad, en la nuestra, y sus objetivos, en los nuestros. Gerhard Maier hace otro comentario interesante en relación con la oración. Escribe:
“‘Orad sin cesar’ no quiere decir que debemos estar orando sin interrupción, sino que oremos en cada momento, que acompañemos con oración cada paso que damos en nuestra vida personal y como iglesia”.
Como ya mencionamos, lo importante es que estemos enfocados en el objetivo correcto y nos dejemos corregir y enfocar una y otra vez. Me ha ayudado a menudo la oración que Jesús enseñó a sus discípulos, no como algo aprendido de memoria, que se recita sin pensar, sino como una entrega de nuestra vida de oración personal a la voluntad y guía del Señor. Orar es también la expresión de una relación viva e íntima con el Señor Jesús, para que Él siga siendo el más importante en nuestras vidas.
¿A qué se refiere Jesús cuando dice: “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del hombre”?.
¿Se refiere al arrebatamiento de la Iglesia antes de que los juicios del Apocalipsis irrumpan sobre este mundo? Creo que sí. Pero independientemente de cómo interpretemos y entendamos la cuestión del arrebatamiento, el hecho es que esta humanidad se dirige hacia el juicio Divino. La expresión “estar en pie delante del Hijo del hombre” habla de salvarse del juicio. Solo Jesucristo y el haber recibido su justicia nos hacen dignos de esto.
Escapar de todas estas cosas, significa también escapar de todo lo que aprisiona, embriaga y esclaviza al ser humano y le impide ver el objetivo más importante de la vida y de la historia: la pregunta de dónde pasaremos la eternidad.
Como hijos de Dios somos salvos la condenación. Nuestro Señor lo dijo claramente en Juan 3:18. Pero, ¿puede ser que, cuando la Iglesia llegue a su perfección, algunos tengamos que pasar por un momento de susto y tristeza, como cuando uno se da cuenta de que se quedó dormido y perdió una cita importante? Espero que no sea tu caso, sino que para ti sea un momento de gran alegría, porque comienza lo que ha sido la meta de tu vida y tu servicio. ¡Ha llegado Aquel que siempre ha sido el objeto de tu anhelo!