"No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino de


Si tenemos en cuenta la cuarta consecuencia de la muerte de Jesús por la humanidad, entonces también debemos preguntarnos quién es, en definitiva, el gobernador o el dios de este mundo. El dios de este mundo es Satanás. Pero, precisamente en el centro de este mundo, el Hijo de Dios murió y venció a Satanás.


Por tanto, aquel que cree en el Señor crucificado y en su muerte, también está crucificado y muerto para el mundo, y está protegido del espíritu de este mundo. Esa es la finalidad de la muerte de Jesús, como dice Gálatas 1:4: "El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre." ¿A ti no te parece algo terrible que todavía existan hijos de Dios que rehusen separarse y apartarse de este mundo perdido?


Cualquier vínculo, o mezcla consciente, con el espíritu y con la forma de pensar de este mundo significa crucificar a Jesús otra vez. Un hijo de Dios entra en una nueva dimensión a través del renacimiento, pues está escrito: "Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo." En la práctica, pese a que continuamos viviendo en este mundo, por el poder de la muerte de Jesús, ya no formamos parte de él.